
El municipio de Simití (Bolívar) enfrenta una emergencia sanitaria asociada a temperaturas extremas, luego de registrarse el segundo fallecimiento presuntamente vinculado a complicaciones neurológicas inducidas por calor. La víctima fue identificada como Nimia María Sobrino Iglesias, de 52 años, quien presentó un evento cerebrovascular grave en el contexto de una intensa ola de calor.

De acuerdo con información médica conocida por EL ORIGINAL, la paciente inició un cuadro súbito de cefalea intensa y dolores corporales generalizados mientras realizaba actividades domésticas bajo un techo de zinc. Su condición clínica evolucionó rápidamente hacia deterioro neurológico severo, con diagnóstico de muerte cerebral, lo que motivó su traslado a la Clínica de Alta Complejidad de Aguachica (Cesar). La paciente permaneció varios días en la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), bajo soporte vital avanzado, sin respuesta favorable al manejo médico, y su fallecimiento fue confirmado durante la jornada del Viernes Santo.
El tres de marzo de 2026 ocurrió el fallecimiento de Daniel Iván Jerez Ávila de 32 años padre de dos niños, quien horas antes se expuso sin protección alguna al sol cuando realizaba trabajos de Re-parcheo en la calle de la Concepción, obra responsable de la alcaldía de Simití; donde el obrero partió con un taladro el concreto rígido de la vía; salió a la 12 meridiano y regresó a las dos de la tarde, sin protección industrial alguna y sin seguro de salud.
POSIBLE RELACIÓN ENTRE HIPERTEMIA Y ANEURISMA CEREBRAL
Especialistas consultados señalaron que la paciente habría sufrido una aneurisma cerebral, evento que puede verse favorecido o precipitado por estados de hipertermia prolongada, debido a la alteración de la presión arterial, el aumento del gasto cardíaco y los cambios en la autorregulación vascular cerebral que se presentan durante olas de calor extremo.
El episodio de calor intenso comenzó el Jueves Santo, 2 de abril de 2026, con registros de temperaturas inusualmente elevadas para la región. Durante esta emergencia térmica, varios menores de edad y el propio periodista David Torres manifestaron síntomas asociados al estrés por calor, como fatiga, mareo, dolor en la parte izquierda de la cara y cefalea.
TEMPERATURAS CRÍTICAS Y ESTADO DE ALERTA
Los reportes indican que en Simití se alcanzaron temperaturas superiores a los 40 °C bajo sombra, mientras que en sectores del casco urbano con baja ventilación y alta radiación -como calles pavimentadas y zonas con techos de zinc- se registraron picos de hasta 42 °C, condiciones consideradas potencialmente peligrosas para la salud humana.
Ante este escenario, se emitió alerta roja epidemiológica y ambiental, recomendando a la población:
– Evitar exposición directa al sol.
– Permanecer en espacios ventilados o con sombra.
– Aumentar la ingesta de líquidos.
– Aplicar medidas de enfriamiento corporal (hielo en extremidades y región cefálica).
– Limitar actividades físicas a las primeras horas de la mañana, ya que después de las 10:00 a. m. se intensifica el riesgo de golpe de calor.
Impacto del calor extremo sobre el sistema nervioso central
Desde el punto de vista médico, la exposición prolongada a altas temperaturas puede generar afectaciones significativas en el sistema nervioso central, especialmente en personas vulnerables. Estas alteraciones pueden manifestarse en distintos niveles de gravedad:
– Alteraciones cognitivas y motoras, como disminución en la memoria de corto plazo, lentitud en el razonamiento y pérdida de coordinación.
– Estrés térmico, caracterizado por irritabilidad, ansiedad e insomnio.
– Deshidratación severa, que compromete la función neuronal, produciendo somnolencia, debilidad muscular y trastornos de la atención.
– Golpe de calor, considerado una urgencia médica, con riesgo de edema cerebral, disfunción multiorgánica, pérdida de la conciencia y muerte si no se interviene oportunamente.
POBLACIONES CON MAYOR RIESGO
Los profesionales de la salud advierten que los efectos adversos del calor extremo se presentan con mayor frecuencia en los siguientes grupos:
– Adultos mayores y niños pequeños, por su limitada capacidad de termorregulación.
– Pacientes polimedicados, especialmente quienes consumen diuréticos, antihipertensivos, antipsicóticos o antihistamínicos.
– Personas con enfermedades crónicas, trastornos cardiovasculares, neurológicos o estados de inmunosupresión.
(Tomado del periódico El Original)