Crónica: de cómo el dinero aprendió a hablar por radio y acabo con el periodismo

Columnas de Opinión1 month ago4 Views

La Mosca en la Sopa

Por: Gustavo Melo Barrera

Todo empezó un día cualquiera, de esos que no figuran en los almanaques ni en las efemérides patrias, pero que deberían llevar una advertencia sanitaria: “Aquí murió el periodismo radial. Pase bajo su propio riesgo“. Ese día, un locutor -no periodista, locutor- tuvo una idea brillante. Brillante como una bombilla fundida: “alquilar un espacio en una emisora“.

No fue un acto heroico ni una conspiración. Fue simple supervivencia creativa mezclada con ingenuidad y una pizca de ego. “Si pago, hablo”, pensó. Y habló. Y pagó. Y gustó. Y entonces los dueños de las radios, que hasta ese momento fingían ser empresarios culturales, descubrieron algo maravilloso: “el periodismo era un estorbo y el micrófono, una máquina tragamonedas“.

Ahí ocurrió el milagro económico. ¿Para qué periodistas formados, con ética, experiencia y preguntas incómodas, si había gente dispuesta a pagar por escucharse a sí misma? ¿Para qué redacciones, si se podía alquilar el aire por horas como quien alquila sillas para una fiesta infantil?

Así nació el nuevo modelo radial: pague y opine, pague y grite, pague y adoctrine. La emisora dejó de ser un medio y pasó a ser un centro comercial de voces. El que tenía dinero hablaba. El que no, escuchaba… hasta que se cansó.

Pronto llegaron los nuevos “dueños” del micrófono. No figuraban en los papeles, pero mandaban más que el transmisor. Se instalaron como “inquilinos” del dial, convencidos de que el espacio era suyo por derecho divino, contrato renovable o simple costumbre. A los periodistas serios -esos seres raros que verificaban datos y dudaban de sí mismos- los fueron empujando hacia la salida. No hubo despidos épicos, solo silencios prolongados, horarios imposibles y sueldos tan delgados que entraban por debajo de la puerta.

La radio se llenó de ‘opinadores’ sin educación, sin experiencia y, sobre todo, “sin vergüenza“. Gente que confundía micrófono con púlpito, noticia con consigna y audiencia con feligresía. La filiación política dejó de ser un detalle y pasó a ser el producto principal. El que pagaba decidía la verdad del día. El que no, podía apagar el radio o rezar.

Mientras tanto, los periodistas de oficio hicimos lo que hacen los dinosaurios cuando ven venir el meteorito: “envejecer en silencio” o trabajando con las uñas. Nos reciclamos en otras profesiones, otros negocios, otros oficios menos románticos, pero más comestibles. Aprendimos a sobrevivir lejos del micrófono, viendo cómo nuestra vocación se convertía en un infomercial permanente.

Y como toda burbuja inflada con soberbia y facturas mal hechas, el modelo empezó a crujir. Las emisoras, llenas de voces alquiladas y vacías de audiencia real, comenzaron a perder relevancia, credibilidad y dinero. Porque resulta que el oyente no es tonto eternamente. Se cansa. Se va. Migra.

Hoy, la decadencia del negocio radial tradicional empieza a cobrarse sus víctimas. Empresas que confundieron periodismo con arrendamiento ahora descubren que “no se puede alquilar la confianza”. A Dios gracias, dirán algunos, con una sonrisa culposa.

Y mientras tanto, en un giro casi poético, “Internet hace lo que la radio dejó de hacer: recuperar a los periodistas“. Los mismos que tuvieron que esperar canas y cicatrices para volver a ejercer. Los mismos que ahora, sin antenas ni permisos, vuelven a contar historias, investigar, incomodar y reírse -sí, reírse- de todo este desastre.

Tal vez el micrófono cambió de forma. Tal vez ya no huele a cabina ni a café recalentado. Pero la voz sigue ahí. Y esta vez, no está en alquiler.

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Historia de una infamia

Por: David Rabelo Crespo

“El tallo de la verdad se dobla, pero no se parte”.

En mi condición de Defensor de Derechos Humanos y sobreviviente del genocidio contra la Unión Patriótica, me ha correspondido denunciar las atrocidades cometidas contra la población civil por los grupos armados ilegales, como los paramilitares y los agentes estatales.

En junio de 2007 denuncié en un video la reunión secreta del expresidente Álvaro Uribe con paramilitares de Barrancabermeja en Puerto Berrio.

En febrero y marzo de 2008 un comando paramilitar intento asesinarme en varias ocasiones.

No lograron el cometido de asesinarme físicamente después de múltiples intentos, entonces decidieron asesinarme jurídicamente, para deslegitimar el trabajo que hacía como Defensor de Derechos Humanos.

El 17 de abril de 2008, el paramilitar Mario Jaimes Mejía, con base a un libreto que le elaboraron, declaró en Justicia y paz, que el suscrito había participado en una reunión con el exparlamentario Liberal Aristides Andrade, con el fin de preparar la muerte del funcionario de Obras Públicas David Núñez Cala (QEPD), declaración llena de múltiples contradicciones, como no saber dar las características morfológicas de David Rabelo, inclusive le colocaron una foto y me confundió con el destacado periodista Miguel Ángel Rico García (QEPD), quien laboraba con el diario Vanguardia Liberal, es decir no me conocía.

Al comienzo del año 2009, la Fiscalía Tercera de Barrancabermeja declaró acto inhibitorio a favor de David Rabelo, por considerar que no existían pruebas contra el suscrito y no ameritaba vincularme al Proceso Judicial. Pero, de manera sospechosa el Fiscal Mario Iguarán, el 25 de marzo de 2009 traslada el proceso para la ciudad de Bogotá.

El 31 julio de 2009, el último día de labores de Mario Iguarán le asigna el proceso a William Gildardo Pacheco Granados, un fiscal que no podía ejercer la labor de fiscal por cuanto este era un Criminal que había sido destituido por la Procuraduría por el delito de lesa humanidad, como es desaparición forzada; también habiendo sido condenado por la Justicia Penal Militar, y tenía una inhabilidad para ejercer cargo en la Rama Judicial como lo dice el Artículo 150 de la Ley 270 de 1996.

Este “Fiscal”, desconociendo lo actuado por la Fiscalía Tercera de Barrancabermeja, me vincula al proceso con indagatoria y es el que de manera arbitraria me encarcela. El Funcionario del CTI Jairo Salazar Medina, supuestamente fue quien hizo la investigación y me capturó en las oficinas de CREDHOS; este funesto personaje quien fue destituido de la Armada Nacional y operaba en Barrancabermeja, el Juzgado que condenó a Francisco Perez cabo de la Nacional, fue condenado por el asesinato del dirigente Sindical de la USO, Manuel Gustavo Chacón Sarmiento. Ese Juzgado compulso copias para que investigaran a Jairo Salazar Medina también por el asesinato de Chacón Sarmiento.  

Para el proceso de juzgamiento me asignaron a una Juez de Carrera del Juzgado Primero Penal del Circuito Especializado de Bucaramanga, pero de manera sospechosa cambiaron la Juez de Carrera, y nombraron a una de contrato, Duperly Isolina Riaño Acelas, quien apenas me condenó la nombraron como Juez Provisional en Barrancabermeja.  

Este proceso estuvo lleno de un mar de irregularidades. No existió ninguna prueba documental en mi contra, solamente fueron las “pruebas” testimoniales de dos falsos testigos, que presentaron múltiples contradicciones, por ejemplo, alias El Panadero dijo que la susodicha reunión fue en horas de la mañana, y alias Esteban dijo que la susodicha reunión fue en horas de la tarde. Lo que está claro es que ninguna de las falsas acusaciones contra mí, ninguna tuvo ningún sustento probatorio. Todas esas falsas acusaciones se ubicaron en el terreno de las conjeturas.

El 29 de enero el fallo de primera instancia la JEP, demostró que este fue un montaje judicial para deslegitimar el trabajo como Defensor de Derechos Humanos. Hoy la segunda instancia ratifica la Absolución y confirma mi completa Inocencia.

A mi familia, a mi señora, mis hijos e hijas, mis hermanos y hermanas, a mis padres, quienes fallecieron por todo este sufrimiento, gracias por todo el apoyo. A las organizaciones sociales, sindicales, de derechos humanos, a la Unión Patriótica, al Partido Comunista, al Colectivo de Abogados José Alvear Restrepo –CAJAR-, a Brigadas Internacionales de Paz PBI, a los Senadores Jahel Quiroga e Iván Cepeda, mis amigos, familiares y allegados, a los pobladores de Barrancabermeja y Magdalena Medio, a todos y todas, gracias por esa gran solidaridad.

Reconocer el trabajo riguroso de la JEP en cada una de sus instancias. Quedó demostrado que el tallo de la verdad se dobla, pero no se quiebra. Seguiré perseverando en la lucha por la paz con justicia social.

Finalmente, quiero recordar ese poema que escribí en la cárcel, en momentos difíciles:
 

ACÚSENME
Acúsenme de contestatario,
por mis ideas.
Acúsenme de revolucionario,
por mis argumentos.
Acúsenme de radical,
por mis principios.
Acúsenme de terco,
por perseverar.
Acúsenme de estar armado,
con la palabra.
Acúsenme por no callar,
porque mi voz sonará.
Acúsenme por denunciar,
la violación de los derechos.
Acúsenme de instigador,
por ser un Defensor.
Acúsenme de comunista,
por defender un ideal.
Acúsenme de iluso,
por creer en la paz.
Acúsenme de estar con vida,
por no dejarme matar. Acúsenme menos de ser un criminal.
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