
La década de los noventa del siglo pasado, sorprendió a Aguachica con enormes noticias, la desmovilización de buena parte de las organizaciones insurgentes que operaban en la región, la expedición de la Constitución Política de 1991, mientras que, ante la incapacidad del Estado para copar el territorio, otras expresiones violentas florecieron, el ELN creció de manera exponencial y el paramilitarismo alcanzó niveles demenciales, con la colaboración de servidores públicos, representantes del sector privado y miembros de una timorata clase política tradicional, que, aún hoy, le cuesta trabajo renunciar a la combinación de armas y política.
El sur del Cesar se convirtió en territorio de nadie, en el que la población civil, puso las víctimas y los armados, reclamaban para sí, gestas que nunca ocurrieron ni podrán ocurrir, en una grotesca guerra sin combates, cuya macabra contabilidad se reseña en número de muertos.
La postración institucional que alcanzó Aguachica, provocó que en 1994, el gobierno nacional designara un alcalde militar, para tratar de atemperar la acción de los violentos.
Ese mismo año, el pueblo de Aguachica, en un acto de sabiduría y audacia colectiva, eligió para el período constitucional 1995-1997, a Luis Fernando Rincón López, un hombre proveniente del Acuerdo de Paz suscrito entre el Gobierno Nacional y el M-19. Un hombre convencido de la paz y la vigencia del Estado Social de Derecho y de la supremacía de la vida.
El primero de enero de 1995, Colombia, presenció un acontecimiento histórico e inédito, la trasmisión del poder municipal de un militar a un exguerrillero. Aguachica, anunció al país y al mundo, que la democracia y la paz, podían ser posibles, aún, en territorios tan martirizados, como este.
Sin embargo, los violentos, desconociendo el mandato popular, arreciaron la violencia cometiendo masacres y asesinatos selectivos, hasta que los paramilitares, acabaron con la vida del Director del Hospital Regional de Aguachica, José David Padilla Villafañe, un profesional íntegro, respetado y querido por la comunidad. El alcalde, Luis Fernando Rincón López, convencido de que las herramientas institucionales convencionales, eran insuficientes, decidió convocar a su pueblo, en lo que llamó Asambleas de la Sociedad Civil, un espacio desconocido que permitió escuchar las más diversas voces y opiniones.
De esas discusiones, que después contaron con el acompañamiento de instituciones como la Presidencia y la Vicepresidencia de la República, Ministros de Despacho, el Congreso de la República, la Corte Constitucional, la Defensoría del Pueblo, la Procuraduría General de la Nacional, entre otras, y organizaciones sociales nacionales e internacionales, embajadas, etc., nació la “Consulta Popular por la Paz”, la cual ubicó al ciudadano como actor fundamental.
El pueblo de Aguachica, se pronunció sobre el rechazo a la violencia y de hacer de éste el “municipio modelo de paz en Colombia”.
La “Consulta Popular por la Paz”, fue un éxito y los violentos jamás pudieron falsear la voz de los ciudadanos que, usando un mecanismo democrático, demostraron que la paz es posible, es posible desde el territorio, por lo tanto, también lo es en toda Colombia.
La única respuesta que los paramilitares y los sectores más nefastos de la política local y regional tuvieron, fue asesinar a su líder, Luis Fernando Rincón López.
Este 15 de agosto, en medio de la más vergonzosa impunidad, se cumplen 25 años del brutal asesinato de Luís Fernando Rincón López. Su familia no ha conocido la verdad, la justicia y la reparación que merecen.
La ciudadanía de Aguachica, que no supera el daño causado a su democracia local, espera que este crimen sea declarado de lesa humanidad, y que los responsables, asuman públicamente su culpabilidad y presenten disculpas públicas, dentro de un escenario de justicia restaurativa y de perdón social, sin venganzas, pero sin la vergüenza del olvido.
El 27 de agosto, en el marco del Gobierno del Cambio, presidido por un hijo de un proceso de paz victorioso, Aguachica, conmemorará trigésimo aniversario de la más grande gesta ciudadana, que se ha escrito en el Caribe Colombiano, la Consulta Popular por la Paz. En un momento aciago y tormentoso para la nación entera, Aguachica, se yergue como un faro de esperanza.