Mirarnos en el espejo: Aida Quilcué y la descolonización de nuestra mirada
Por: Nelly M. Z.
La candidatura de Aida Quilcué como vicepresidenta junto a Iván Cepeda no es solo un hecho político: es un acto de memoria y resistencia. Ella encarna más de 500 años de lucha de los pueblos indígenas, una historia que ha defendido la vida, la tierra y la dignidad frente al despojo y la violencia.
Cuando la veo en ese lugar, me pregunto cuánto de mí sigue colonizado. ¿Cuántas veces he dudado de lo indígena, de lo femenino, de lo comunitario, porque aprendí que lo “adecuado” debía parecerse a lo europeo, a lo blanco, a lo masculino?
RECONOCERLO DUELE, PERO ES NECESARIO
El cambio empieza por aceptar que la colonización habita en nuestras mentes y que solo al desmontarla podemos abrir espacio a lo diverso. Aida no llega sola: llega con la fuerza de generaciones que han resistido el olvido. Su voz es la de los mayores y mayoras, la de las comunidades que han sobrevivido a la guerra, al exterminio y al silenciamiento.
Que hoy esté en la política nacional es un acto de justicia histórica, un recordatorio de que la democracia no puede seguir siendo monocroma. Apoyar a Aida Quilcué es más que respaldar una candidatura: es decidir que queremos un país lleno de todos los colores, queremos que lo indígena que habita en nosotros y nosotras florezca en igualdad.
Es un llamado a transformar la política en un espacio donde la diferencia no sea obstáculo, sino potencia. El cambio pasa por mirarnos al espejo y reconocer lo indígena que nos constituye. Es aprender a admirarnos, a valorar lo que somos, y a entender que el futuro no se construye negando nuestras raíces, sino abrazándolas. Aida Quilcué, mujer indígena, nos recuerda que el cambio empieza en cada ciudadano y ciudadana que decide descolonizar su mirada y caminar hacia un país más justo y plural.
NO MIREMOS A AIDA QUILCUE CON LOS OJOS DEL COLONIZADOR
Su presencia en la política no debe ser interpretada desde prejuicios heredados ni desde la mirada que reduce lo indígena a lo exótico o lo marginal. Mirarla con respeto y reconocimiento es un acto de descolonización: significa verla como sujeto político pleno, como voz legítima que nos invita a repensar la democracia desde la diversidad y la dignidad de los pueblos originarios.
Hoy te invito a descolonizarte. A mirar dentro y reconocer las huellas que dejaron siglos de imposición, las voces silenciadas, los saberes negados, las memorias arrancadas. Te invito a cuestionar lo que aprendimos como “normal”, a desmontar las jerarquías que nos fragmentan, a recuperar la dignidad de nuestras raíces, y a honrar la diversidad que nos habita.
Descolonizarnos es volver a escuchar la tierra, es aprender de los pueblos que resistieron, Es abrir espacio para que la palabra propia florezca. No es un gesto individual, sino un camino compartido: una práctica diaria de desaprender y reconstruir, de tejer comunidad, de sanar la historia.
Te invito, entonces, a caminar juntos/as hacia un horizonte distinto, donde la libertad y el derecho a que una mujer, lideresa indígena, ejerza el cargo de vicepresidenta no sea privilegio, sino memoria, justicia histórica y futuro. Que este llamado no se quede en las palabras.
Abramos espacios para escuchar las voces indígenas en nuestras escuelas, universidades y comunidades. Reconozcamos sus saberes como ciencia, su espiritualidad como filosofía, su resistencia como ejemplo de dignidad. Comprometerse a proteger sus territorios, a aprender de sus lenguas, a tejer alianzas que fortalezcan la vida en todas sus formas.
El mundo indígena no es pasado… es presente y futuro..