
Por: Ismael Suárez
Lo que pasa hoy en la Unión Sindical Obrera Subdirectiva Uso Barrancabermeja no es una diferencia interna: es una traición abierta a su razón de existir. La organización que nació para enfrentar el poder hoy parece arrodillada ante él. Cambiaron principios por conveniencia, lucha por cálculo y dignidad por cuotas de poder.
Una directiva de sindicato que le dice a su base por quién votar, deja de ser sindicato. Eso es presión. Eso es manipulación. Eso es exactamente lo que antes denunciaban.
Y hay que decirlo sin rodeos: muchos de los actuales “líderes” de la Unión Sindical Obrera hablan de revolución y socialismo, pero no conocen ni el sacrificio ni la coherencia que esas palabras exigen. Predican lucha mientras viven rodeados de privilegios, camionetas y esquemas de seguridad, negociando en oficinas lo que los trabajadores pelean en la calle. Eso no es liderazgo obrero: es burocracia cómoda disfrazada de discurso combativo.
La tradición sindical que hizo grande a Barrancabermeja no nació para crear élites internas ni dirigentes intocables. Nació para enfrentar abusos, no para administrarlos. Y cuando quienes deberían defender la dignidad obrera terminan negociándola, ya no estamos frente a una desviación: estamos frente a una degradación.
Porque el problema no es que se equivoquen. El problema es que parecen haberse acostumbrado a traicionar.
La vieja guardia lo sabe. La esencia combativa de la época de Manuel Gustavo Chacón Sarmiento no tenía miedo, no pedía permiso y no se vendía. Hoy muchos dirigentes parecen más operadores políticos que defensores obreros. Y cuando la base huele eso, la confianza se pudre.
La historia obrera de Barrancabermeja se escribió con valentía, no con obediencia. Por eso la rabia crece: porque duele ver cómo se negocia lo que antes se defendía con el pecho. Esto no es un debate ideológico. Es una denuncia moral. Un sindicato puede resistir ataques, persecuciones y crisis. Lo que no resiste… es perder el alma.